floyd mayweather conor mcgregor
Crédito: Mark J. Rebilas-USA TODAY Sports

La Money Fight se vendió, llegó y pasó. El tan hablado y esperado encuentro entre el primer campeón simultáneo de dos divisiones de la UFC, la máxima estrella de las artes marciales mixtas, contra un legendario púgil considerado el más habilidoso de los últimos tiempos. La pregunta captó la atención del mundo entero: ¿Cómo le iría a uno de estos “ultimate fighters” en el mayor nivel del boxeo tradicional? Conor McGregor, sin experiencia previa como boxeador profesional, se enfrentó a Floyd Mayweather Jr. para buscar la respuesta, y esta resultó ser del todo predecible por el sentido común.

Eso sí, si hay algo indiscutible son las agallas y la fuerza de voluntad de Conor McGregor. Nadie le dió una oportunidad desde que la pelea no era más que un curioso rumor, nadie ni siquiera la consideraba posible, pero “The Notorious” salió a hacerle frente a un boxeador legendario en su propio territorio. Desprovisto de muchas de sus armas usuales, su arsenal de patadas que le permiten presionar a la distancia y forzar errores, McGregor confió en su dureza y en su feroz izquierda de contragolpe como zurdo para conseguir un milagro. Y por unos pocos minutos, casi parecía en buen camino.

Si, aquel a quien todo sentido común decía que estaba destinado a perder se llevó los primeros rounds. Por lo menos los primeros tres, de manera indiscutible. Quien lo haya visto pelear dentro del octágono sabe que a McGregor le gusta presionar y pudo hacerlo a gusto al inicio de la Money Fight. El irlandés salió de su esquina como una exhalación, buscando aprovechar su ventaja de tamaño y tratando de encontrar el momento para usar su temida izquierda, su arma predilecta aplicable también dentro del nuevo ambiente.

Floyd Mayweather Jr. Conor McGregor
Conor McGregor hasta tuvo oportunidad de hacer sus pequeños alardes en un principio. Crédito: Christian Petersen/Getty Images.

McGregor golpeó mucho al cuerpo, estrategia que normalmente usa con patadas, buscó posiciones y ángulos para encontrar los agujeros de la guardia de Floyd con su zurda y tuvo un buen momento con un uppercut en el primer round. Esta es otra arma conocida para quienes siguen su carrera en la UFC, usada a buen efecto contra Nate Diaz y Eddie Alvarez. The Notorious también hizo uso de cambios de postura de a momentos fugaces, y pudo mantener a “Money” Mayweather contra las cuerdas por mucho más tiempo que el que muchos puristas del boxeo hubieran creído posible.

Y respecto a los puristas, también hay que decir que el irlandés jugó mucho en áreas grises, cuando no un poco sucio. Una y otra vez McGregor encontró momentos para soltar golpes de martillo, generalmente contra la nuca de Floyd, por lo que fue advertido repetidamente por el referí Robert Byrd. The Notorious, acostumbrado a un deporte donde pelear dentro del clinch es materia común, aprovechó las oportunidades para agarrar por los guantes a Mayweather y forzarlo a moverse, también le dió cortos tirones y retorcijones a sus brazos que de haberse acumulado podrían haber sido dolorosos.

Por tres rounds parecía que Conor McGregor iba en camino a un triunfo monumental, legendario. Pero solo lo parecía, y porque esa era la estrategia de Floyd Mayweather Jr. Mientras el campeón de la UFC atacaba, presionaba, intentaba con todas sus armas y todas sus fuerzas en los primeros rounds, Mayweather se defendía. Apenas fue tocado, iba contra las cuerdas por cuenta propia y allí bloqueaba, desviaba y esquivaba golpes. Cuando se sentía en peligro, encontraba el momento de llegar al clinch bajo sus términos, respiraba y recuperaba su posición.

Floyd Mayweather Jr. v Conor McGregor
Mayweather esperó, se defendió y contraatacó con vigor inusitado. Crédito: Christian Petersen/Getty Images.

Conor McGregor se llevó los tres primeros rounds porque así lo quiso “The Best Ever”, que reía y respiraba tranquilo mientras su rival se agotaba frente a una defensa inexpugnable. Y para el cuarto round, The Notorious flaqueaba. Sus mejores intentos, incluidos aquellos algo fuera de las reglas, no habían dado gran fruto. Su cardio, expuesto como una posible debilidad por Nate Diaz a través de dos famosas peleas, volvió a fallarle. Había caído en la trampa. Y de repente, Floyd Mayweather salió a boxear como no boxeaba desde hacía ya unas dos décadas.

Si una crítica se le puede hacer a Mayweather es que su genio defensivo lo hace un peleador aburrido. Un mínimo de riesgos, un mínimo de golpes tanto lanzados como recibidos y un triunfo seguro por decisión inapelable son su moneda corriente y dura. Pero frente a Conor McGregor, sea por orgullo o pura confianza frente a un boxeador novato, The Best Ever buscó el nocaut. Desde el cuarto asalto, de repente, el ritmo se revirtió. El campeón de MMA retrocedía y buscaba una oportunidad que nunca llegaba, la leyenda del boxeo atacaba de manera persistente, constante.

McGregor estaba cada vez más cansado, su rostro más golpeado, su respiración más agitada, y Mayweather seguía tranquilo, medido, atacando con precisión táctica. Los golpes de The Notorious ya no tenían su usual potencia, velocidad ni precisión. El campeón invicto de múltiples divisiones de boxeo apenas parecía sudar mientras conectaba rápidas combinaciones, que ponían en verguenza a los mejores esfuerzos de McGregor. Si de algo hay que estar agradecidos, es que Floyd cumplió e hizo de la pelea algo emocionante, desafortunadamente a costa de su rival.

floyd mayweather jr vs conor mcgregor
El final. El referí Robert Byrd intercede por la integridad física de The Notorious. Crédito: Mark J. Rebilas-USA TODAY Sports.

Así se desarrolló lo inevitable, y cada minuto que pasaba confirmaba lo que todos aquellos con experiencia en ambos deportes habían predecido: esperar que alguien sin peleas de boxeo profesional le diera pelea a uno de los mejores boxeadores de todos los tiempos en un encuentro de boxeo era ridículo. El final llegó por merced del referí al minuto con cinco segundos del round 10. McGregor fue aturdido por una derecha que lo dejó en las cuerdas, esto tras terminar el round 9 de la misma manera, y absorbió golpes hasta se declaró el nocaut técnico.

Hubo algunas sorpresas, hubo acción y una finalización donde se esperaba inactividad y una decisión, pero el resultado final fue el que se esperaba desde el anuncio de la pelea. Floyd Mayweather Jr. anunció su retiro final con un récord de 50 encuentros invicto, habiendo superado la histórica marca de 49 peleas de Rocky Marciano. Money se llevará un mínimo de 100 millones dólares por vencer a un rival que ni siquiera es boxeador profesional, Conor McGregor recibirá 30 millones por verse amplia y obviamente superado en la llamada “mayor pelea en la historia de los deportes de combate”.

Fue una rara oportunidad, algo único y hasta llegó a ser entretenido. Podría haber sido una noche realmente histórica con otro resultado, aunque seguramente pasará a la historia de una forma u otra. De acuerdo. Pero, ¿valió las entradas de miles de dólares, el precio de 100 dólares para ver el evento por pay per view, el frenesí generalizado? ¿Todo por una pelea cuyo resultado final cualquier persona con sentido común predijo, un encuentro a fin de cuentas tan dispar? Y lo más importante, ¿ahora, que sigue?

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