En cualquier disciplina la defensa es igual –o más– importante que el ataque. De hecho hay atletas que basan su juego en esta faceta del combate. Hay muchas formas de evitar los golpes del rival, pero hay una que es solo para algunos. Esa viene en el alma, en la sangre de pocos guerreros que parece que tienen el poder de ver las acciones en cámara lenta o, mejor dicho, cuentan con el placentero poder leer los movimientos del contrario.

El arte de esquivar probablemente llegue de los deportes de contacto directo. Cualquier persona que practique boxeo, kick boxing, muay thai u otra arte marcial de este estilo sabe que no es lo mismo defender un ataque que evadirlo.
Es cierto que de ambas maneras se frustra el intentó de ataque del contrincante, pero la zona del cuerpo que se utilice para amortiguar la ofensiva sufre secuelas. No en el primer ataque, ni en el segundo, pero a medida que esa zona se va desgastando la guardia va perdiendo eficacia. Cada vez cuesta más posicionar los brazos o piernas para cerrar los espacios. El peleador está en grave peligro de sufrir daño directo, porque el dique que mantiene la corriente de ataques está fisurado. Es más, la amortiguación en un momento pasa a ser más dolorosa que un golpe al rostro.

Un ejemplo claro de la consecuencia de cubrirse constantemente sucedió en el UFC 47. Volvemos el tiempo atrás un poco más de diez años para revivir la victoria de Chuck Liddell sobre Tito Ortiz. En los primeros segundos del segundo asalto, el ex campeón semicompleto de UFC martilló una y otra vez la defensa de Ortíz, que estaba apoyado contra la jaula resistiendo cada bomba con los antebrazos.
Pocos segundos después, esa barrera irrompible pasó a ser de cristal, uno o dos directos entraron entre los guantes del oriundo de California que no pudo hacer más que desplomarse. Esto quiere decir que esta opción de defensa tiene vida útil.

La otra forma de frustrar los ataques rivales es realmente más complicada y peligrosa. Eludir un golpe puede lograrse mediante dos caminos, que llegan a un mismo fin, pero en esencia son totalmente distintos. El primero vamos a llamarlo  sistemático (creo que es la mejor palabra para definir este sendero, porque eludir es parte de un todo y no un todo en sí). Es el clásico entrar y salir. Esto quiere decir, avanzar en una ofensiva corta –y en lo posible eficiente– y luego alejarse del rival para evitar el contraataque. En el retroceso del guerrero que efectúa este tipo de sistema de ataque, se suelen ver golpes eludidos. Pero no hay lectura de movimiento, ni reacciones rápidas, solo alejar el cuerpo (que ya estaba planeado al momento de atacar) rápidamente luego de la/s conexiones logradas.

El segundo es el que conlleva una dosis de sabiduría, anticipación y sobre todo peligro.  Este lo bautizamos con el nombre intuitivo. (Cabe acalorar que los nombres fueron creados por mí, dejando de lado tecnicismo) ¿Por qué intuitivo? Porque el guerrero se destaca por saber de antemano donde va a aterrizar el misil del rival. Claramente esto lo pueden hacer pocos, hasta podría decir que con los dedos de la mano me alcanza para contar a quienes realmente han seguido este camino casi en su totalidad.

Para encontrar un ejemplo de este extraño tipo de peleadores, hay que volver a 1958. Ese año, en Mendoza (provincia de la República Argentina que limita con Chile) debutaba Nicolino “el intocable” Locche. Seguramente más de uno lo conoce a este mítico boxeador, que acumuló 117 victorias, 4 derrotas y 14 empates en su extensa carrera profesional. Lo único e inigualable, probablemente lo que lo llevó a ser tan exitoso, era su habilidad para leer y esquivar los golpes contrarios (les recomiendo, si tienen un minuto, que miren con atención algún video por Youtube de este pugilista porque es prácticamente único lo que hacía dentro del ring). Con la guardia prácticamente sobre la cintura, su método de defensa era sencillamente esquivar.

Si adelantamos el tiempo varios años, y nos especializamos en las MMA, Anderson Silva es el que más se acerca a este tipo de atletas. Desde sus comienzos, la araña era conocido por su talento para evadir patadas, golpes de puño y derribos. Aquel triunfo por KO sobre Forrest Griffin en el UFC 101, fue una demostración casi perfecta del exquisito arte del esquive coraje. UFC 101De hecho, fue tal la humillación que sufrió Griffin en la pelea que, según mi punto de vista, el golpe que termina dándole la victoria a Silva fue lo que deseaba que suceda el ganador del TUF 1. Para un experto en stryking, no hay peor decepción que el contrincante evada cada conexión de golpes lanzada. Más allá de disminuir moralmente al adversario, también abre la posibilidad de un ataque letal. Letal porque se puede contraatacar al mismo tiempo que el rival está finalizando una conexión de golpes fallida.

Chris Weidman vs Anderson Silva
Chris Weidman noquea a Anderson Silva

Pero atentos, dentro de los aspectos de este camino también está el peligro de caer noqueado. De hecho, le pasó estos dos excelentes peleadores que tomamos como ejemplo. Locche perdió por TKO contra el Colombiano Antonio Cervantes en 1973, lo que le costó perder el cinturón de los súper ligeros de la AMB. Por su parte, Anderson Silva fue noqueado por el actual campeón de peso medio de UFC, Chris Weidman, lo que también le costó ser derrocado. El efecto negativo que trae esta virtud es el exceso de confianza. Quienes cuentan con esta ventaja pueden llegar a exponerse demasiado y, peor aún, perderle el respeto a la ofensiva del contrincante.

También hay que hacer una mención especial para quienes tienen la habilidad de leer y contrarrestar constantemente los intentos de derribo. Uno de ellos es José Aldo, que tiene uno de los porcentajes más elevados en cuanto a la defensa de este tipo de movimientos. Pero si observamos bien, en la mayoría de las ocasiones casi que ni permite que el contrincante tome su cadera, tobillo o rodillas. Otro ejemplo en una pelea bien fresca, es la victoria de Joanna Jedrzejczyc sobre Carla Esparza. Dentro de la jaula la polaca leyó tan bien cada paso de la ex campeona, que evadió una y otra vez sus intenciones de llevar las acciones a ras de lona.

Cada arista que vamos tocando de las artes marciales tienen sus puntos positivos y negativos, pero sin lugar a dudas este, específicamente, es uno de los más difíciles de aprender o entrenar. Por eso, aplaudimos y celebramos, a los pocos que cuentan con el exquisito arte de esquivar dentro de su arsenal defensivo.

Nota de : Francisco Andreottola
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