Michael Bisping continúa muy relacionado con UFC a pesar de su retiro. Es comentarista, entrevistador y analista. Además, miembro del Salón de la Fama. El ex Campeón Mundial de Peso Mediano UFC está convertido en una leyenda de las artes marciales mixtas. Y además de todo esto continúa dando pasos adelante en su carrera cinematográfica. Podría decirse que debe estar muy contento en su actual momento y debe estar disfrutando mucho de su vida.

No obstante, no todo es bueno. El británico relató en el podcast Believe You Me la ocasión en que casi lo asesinan en Ciudad del Cabo, Sudáfrica. Y no sucedió hace mucho, sino más bien hace poco, pues precisamente se encuentra allí filmando su nueva película.

“La ciudad es hermosa por el día, pero por la noche salen los monstruos y es una ciudad muy, muy peligrosa. El viernes por la noche salí a cenar con el elenco y el resto del equipo. Después de tomar unas copas, sobre las tres de la mañana, vuelvo a mi hotel y el conductor del Uber me deja en un cruce de cuatro vías, pero no veo mi hotel. Me dice: ‘Su hotel está allí’. Así que salgo del auto y él se va, pero no sé qué camino tomar. Estaba mirando mi móvil cuando aparecen los monstruos, ladrones, atracadores, jodidos criminales.

“Antes de darme cuenta, estaba rodeado de 10 o 15 personas que me estaba pidiendo dinero. Y comenzaron a ponerse un poco desagradables. Querían que les diera dinero, aunque hablaban en un idioma que no entendía. Entonces empecé a gritar diciendo cosas como: ‘¡No os acerquéis, joder!’. Tenía los puños levantados e intentaba parecer grande, como un león en la selva. Esos hijos de puta no hicieron ningún movimiento. Recuerdo que me decían como que si quería volver a casa les tenía que dar mi billetera.

“Entonces aparece un coche de policía falso y salen dos tipos que me dicen como que entre al auto. Uno de ellos se metió la mano en el bolsillo fingiendo que tenía un arma. Pensé: ‘Si subo a ese auto, soy hombre muerto. Me matarán y me robarán’. Entonces empecé a gritar y correr por la calle. Afortunadamente, conseguí encontrar mi hotel. Ellos no me persiguieron durante mucho tiempo y por fin llegué a mi maldito hotel. Nunca digan que esta ciudad no es peligrosa”.

El peleador concluye con una broma: “No hay un momento aburrido en mi vida”.