Comenzó como un mito de un investigador que creyó haber encontrado algo nuevo en la vida de uno de los principales representantes de la libertad en nuestro continente. Años después se confirmó: Abraham Lincoln era un peleador callejero ¡y vaya que era bueno!

Tomo se remonta a la cultura de lucha que tiene el pueblo estadounidense. No se sabe bien desde que punto fue, pero el wrestling enamoró a todos los habitantes de Estados Unidos desde un comienzo: “Lincoln siempre supo luchar. Su tío Mord tenía un verdadero talento para esta arte marcial. Lincoln practicó este deporte durante su estadía en Indiana, desde sus 9 hasta los 21 años”, comenta Roland C. White Jr, autor de A. Lincoln: A Biography.

Pero no solo practicaba, sino que competía y era realmente bueno en lo que hacía: “En ese momento la lucha era más un mano a mano que un deporte. Lincoln, por su excelente genética que lo hacía alto y fuerte, era conocido por sus habilidades y solo tuvo una derrota en varios años”, continua White.

Recreación de la pelea de Lincoln, en la que se ve el momento exacto en la que está por destrozar a su rival contra el suelo. crédito: Fightland.

No solo utilizaba sus conocimientos marciales en competencias, sino que también cuando tenía algún tipo de enfrentamiento en plena calle. Es recordada una situación en la que Lincoln se enfrentó a un grupo de personas que estaban enardecidos. A su primer rival lo levantó y lo dejó noqueado con un terrible slam. Con la misma ira con la que miraba a los ingleses, se dio vuelta y le grito al grupo de hombres: “¡Si alguno se atreve, venga y preparese para que le pateé el trasero!”. Ninguno se atrevió siquiera a mirarlo directo a los ojos.

Sin embargo, la pelea callejera más memorable del abogado fue a mediados de 1830. Mientras que Abe trabajaba en una tienda en New Salem, Illinois, una banda amenazó al dueño del local, Denton Offutt. Conociendo la potencia de su empleado, le dijo a los miembros de Clary´s Grove, que Lincoln podía vencer a cualquiera de ellos. El líder, Jack Armstrong, se puso al frente y decidió enfrentar al entonces desconocido repositor.

Todo el pueblo se detuvo, no por Lincoln, sino por Armstrong ya que era conocido por su excelente nivel de lucha y, sobre todo, por su infinita agresividad a la hora de pelear. “El pueblo se quedó congelado mirando la pelea, hubo apuestas, tragos y hasta cuchillos. Lincoln medía 1,93 mts y pesaba 84 kgs, pero Armstrong era quien tenía la experiencia, era un encuentro formidable. Comenzaron girando en círculos, intentando derribarse pero no pudieron. El combate estaba trabado hasta que Lincoln pudo tomar a su rival del cuello y le dominó su brazo. Lo comenzó a revolear por la zona, hasta que en un momento se dio cuenta que los otros miembros de la banda lo iban a atacar. Entonces soltó a Armstrong, que estaba abatido, se alejó unos metros y los invitó a pelear uno por uno”, cuenta Roger J. Norton, reconocido historiador.

Queda más que claro que Abraham Lincoln no era solo una bestia dentro del campo de batalla cuando le tocó enfrentar a los ingleses, sino que también era un respetado peleador callejero a mediados del siglo XIX en Estados Unidos. De hecho, la historia de como derrotó al famoso Jack Armstrong recorrió todos los pueblos de Norteamérica, a pesar que en ese momento no existía radio, internet o televisión.

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