En este último año, desde el cambio que propuso la USADA, varios peleadores no pudieron llegar al peso pactado a la hora de enfrentar la báscula ¿fallan ellos o la legislación?

Las artes marciales mixtas están en el punto más alto de profesionalismo. Cualquier organización que se crea en el mundo, ya tiene las mismas reglas que las grandes empresas y algunas también realizan controles antidopaje. Ya no se ven esos torneos en los que se valen cabezazos, golpes a la nuca y otros movimientos que ya no están permitidos.

Este progreso que tuvo el deporte es en parte gracias a UFC. La promotora más importante del mundo ha invertido millones de dólares, en estos últimos años, para eliminar todo tipo de substancias prohibidas de la competencia y, también, hacer que los cortes de peso de los peleadores no sean tan dañinos.

El segundo punto viene trabajandolo hace largo tiempo, pero el cambio fuerte fue para el UFC 200. Un mes antes del evento, los dirigentes de la organización junto con agentes de la USADA, informaron el cambio en el sistema de pesaje, junto con un nuevo paper con substancias y métodos prohibidos de deshidratación y rehidratación. Este giro de 360 grados vino de la mano con asistencia técnica de especialistas para cada uno de los peleadores contratados.

El profesionalismo no solo trajo modificaciones burocráticas, sino que también los guerreros se han perfeccionado de una manera impensada. Hoy en día cada atleta puede vivir tranquilamente de las artes marciales mixtas (más allá de la polémica con el trato Reebok-UFC), por lo que puede invertir sus ganancias para ir creciendo tanto técnica como físicamente.

El hambre de gloria creció directamente propocial al nivel de los peleadores. En los días que corren, los atletas se esfuerzan al máximo y dan todo por poder llegar al cinturón. Ser campeón de una promotora de élite a nivel mundial, le da un claro reconocimiento social y mediático al deportista; solo basta ver los casos de Ronda Rousey, Conor McGregor o cualquier otro monarca.

“Dar todo” también incluye tomar malas decisiones. Para lograr una diferencia de alcance, potencia y altura, gran parte de los guerreros deciden bajar un escalón a su peso natural. Por ejemplo, Conor McGregor había peleado toda su vida en la categoría de los ligeros, pero en su llegada al Ultimate Fighting Championship, permaneció entre los peso pluma, con quienes tiene una notoria diferencia en el reach.

Si se hace de manera controlada, y las condiciones biológicas del luchador lo permiten, es una estrategia que puede tener sus frutos. El problema está cuando no hay forma que se llegue al objetivo ¿casos? Kelvin Gastelum tiene su combate más difícil un par de meses antes de subirse a la báscula. No solo por la dieta, sino porque evidentemente el físico del americano-mexicano no tiene forma de llegar a las 170 libras de forma natural. En la misma división, el ex campeón Johny Hendricks se vio totalmente perjudicado con los cambios de la USADA. Desde esa variación, bigg rigg, no solo se lo ha notado con un cardio paupérrimo, sino que su poder de KO quedó en el olvido.

La estocada final para que el tema del pesaje quede totalmente controlado, sería que los dirigentes de las promotoras, certifiquen mediante análisis y pruebas, cuál es el peso mínimo que puede llegar un peleador de forma natural. Con estos datos, no se eliminarían del todo este problema que genera modificaciones de carteleras constantemente, pero si se reduciría en gran medida los casos.

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