En todos los ámbitos de la vida siempre hay historias que nos hacen sentir que el ser humano puede ser mucho mejor de lo que realmente es. Miguel Avalos trabaja jornada completa como albañil, y al regresar a casa se calza su dobok y comienza su verdadera pasíon: difundir el arte marcial que tanto ama: el taekwondo.

Como toda su vida, Miguel vivió en el barrio El Progreso, ubicado en los sectores más necesitados del partido de Lomas de Zamora, en la zona sur de Buenos Aires. Desde las primeras horas de la mañana hasta las cinco o seis de la tarde, trabaja como albañil para llevar el plato de comida a su casa. A pesar que sean jornadas agotadoras, Miguel termina su trabajo formal y se dirige al comedor público “Puente Verde” para dar clases de Taekwondo. Lo llamativo, es que no gana ni un peso por difundir el arte marcial, sino que lo hace plenamente por los niños.

“Con Taekwondo los sacamos de la calle. Los chicos tienen la necesidad de hacer algo y acá le damos la posibilidad (…) Llego medio roto del trabajo pero siempre me pego una ducha y vengo a enseñar. Un día me puse a dar clases y ya no puedo parar. No lo hago por mi, sino por ellos. Yo no cobro nada, ya hace dos años que estoy por eso la mayoría de ellos son punta azul”, declaró Avalos al noticiero Telenoche.

Aquí está la nota completa del noticiero con Miguel Avalos, un ejemplo de vida. (cortesía Telenoche, Canal 13)

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