Walter Zamora, 9-2-0.

A pesar de su miedo a las alturas, el costarricense Walter Zamora, sueña con llegar al Top de UFC, pero sabe que antes debe conquistar The Ultimate Fighter. Inició en el mundo de las artes marciales mixtas en el garaje de su entrenador Mandarina, al lado de otros jóvenes llenos de sueños. Su vida está dedicada al deporte y a su familia en especial a sus abuelos.

Dedica parte de su tiempo a dar clases gratuitas de artes marciales mixtas a niños de bajos recursos, porque sabe que el deporte es un aliciente para que logren superarse. A sus 25 años, continúa con el sueño de estudiar y conformar un negocio de bienes raíces. Es un tipo que camina por la calle al lado de su perro, siempre calmado, feliz y dispuesto a ayudar a los demás.

-¿Qué expectativas tenés para el reality?

Pues está muy bien todo, las instalaciones, la casa. Los entrenadores son super geniales, estoy motivado al máximo. Es una oportunidad única el estar acá y voy a dar todo de mí.

-¿Y cómo arrancaste a entrenar, como fue tu historia para llegar acá?

Al principio como todo americano quería ser futbolista. En mi país también el deporte rey ha sido el fútbol entonces desde niño quise ser futbolista, veía a los Supercampeones y salía y hacía los tiros que hacían en el programa. Y bueno, un día vi Dragon Ball y empecé a interesarme en las artes marciales. Mi abuela no me dejaba ver Dragon Ball, tenía que irme a verlo al vecino y si me abuela se daba cuenta me daba una buena tanda.

Pero bueno, empecé en las artes marciales a los 12 años, yo estaba jugando futbol un día y me dijo mi hermano que había unos tipos que estaban peleando en una academia, que están dando lucha, y voy y me asomo y me había tipos sangrando y me llamó la atención. No daban clases para niños pero podía entrenar igual siempre y cuando pagase la mensualidad. Y fuimos el lunes y pagamos. No había tantos conocimientos como ahora de Muay Thai o de Jiu-jitsu, mi entrenamiento fue un poco inconstante. No había una visión del deporte como ahora.

Se llamaba vale tudo en ese entonces. Solo teníamos como tres cassettes que eran videos de UFC viejos donde peleaban con kimonos o un boxeador con un solo guante. Y así siguió todo hasta los 19 años que el MMA en Costa Rica estaba un poco más consolidado, había profesionales y amateurs y varios de mis amigos que se dedicaron más ya estaban peleando. Y yo que era mejor que ellos, que cuando éramos niños siempre les ganaba, pensé que no me iba a dejar ganar y decidí volver a entrenar en serio.

Y cuando empecé otra vez fue de cero, las cosas eran muy diferentes, ya no sabía nada. Perdí en mi primer torneo de jiu-jitsu, estaba muerto de miedo y me temblaba cuando entré. Luché y perdí rápido, me hizo una llave al brazo que no sé qué pasó. Pero bueno, un tipo no pudo luchar y me ofrecieron la pelea a mí, mi entrenador me motivó y gané y empecé a entrenar más duro. Seguí ganando torneos de lucha, había mejorado mi jiu-jitsu, entrenaba más mi boxeo.

Tuve que renunciar a mi trabajo por un rollo que pasó en el lugar, con la plata que me dieron pagué unos meses en la academia para seguir entrenando. Me dieron mi primer pelea amateur, y otra vez con los nervios la perdí y a los meses me lesioné el hombro izquierdo y me estaba desanimando de nuevo. Mi entrenador otra vez me hizo pelear, con el hombro y todo, y pelee y gane, dominé y seguí aumentando mi nivel pero empecé a confiarme. Pero después perdí una pelea por un cinturón local amateur frente a alguien que ya le había ganado y eso me hizo poner bien los pies en la tierra y seguir entrenando más duro todavía. Y acá estoy.