Crédito: UFC

Tras un paso por Chile en mayo para iniciar su incursión en América del Sur fuera de Brasil, la UFC llega finalmente a la Argentina. Oficialmente las peleas tendrán lugar el sábado 17, en el Estadio Mary Terán de Weiss también llamado Estadio Parque Roca, pero como en toda ocasión la mayor promoción de artes marciales mixtas del mundo trajo una serie de eventos para generar mayor conexión con los espectadores en los días previos, el espectáculo que precede al espectáculo. El primer paso, entonces, fueron los entrenamientos abiertos: exhibiciones atléticas por parte de los peleadores para mostrar su forma.

Entrenamientos no del todo abiertos los de este caso, que tuvieron lugar en el Polideportivo Chacabuco la tarde del miércoles 14, dado que fueron vedados al público general. Los atletas aún contaron con una audiencia de unas 150 personas afiliadas al club, sin embargo, ya que la UFC sumó también un “entrenamiento de acción social” a la actividad, una clase impartida por peleadores profesionales para un grupo de niños locales. Es una movida lógica para los representantes de un deporte que todavía no tiene tanto alcance como otros en la zona y enfrenta cierto estigma de violencia.

La velada empezó con uno de los héroes locales, “El Ninja” Guido Cannetti de Mar del Plata, para gran alegría de los presentes. Ex concursante de la primer temporada del reality show The Ultimate Fighter Latinoamérica en el 2014, con cuatro peleas dentro de la empresa, El Ninja llama por su agresividad y entusiasmo y con esa misma actitud salió al entrenamiento. Esquivando y bloqueando golpes de largas varas flexibles que simulan los brazos de un rival, golpeando pads con tanta furia que el impacto resonó en el anfiteatro, conectando patadas giratorias que dos veces arrebataron al pad de la mano de su compañero y lo enviaron por los aires.

Cannetti transpira bajo las luces y el calor primaveral, pero para el cierre baja la intensidad y muestra su lado más humano con dos nuevos compañeros de entrenamiento: sus pequeños hijos Francesco y Filippo que boxean y patean con Guido, correteando en la lona y disfrutando del amor de su padre y la atención de la tribuna. Pero el show debe continuar y Cannetti se retira con sus hijos para abrir paso a Neil Magny, el peleador de Brooklyn, Nueva York que competirá en la estelar frente a la estrella local Santiago Ponzinibbio.

Pero en ese momento Magny no es rival del argentino, es un conocido peleador de la UFC en Argentina. Neil sale a lona y se encuentra con la misma energía positiva que recibió Cannetti. Ya habrá oportunidad de esperar que sufra una derrota frente al argentino, así son los deportes y las hinchadas, pero de momento se celebra con entusiasmo su presencia mientras trabaja un guanteo más liviano y movido, de velocidad y haciendo énfasis en su altura. Piernas largas, rodillazos altos que alcanzan sin problemas la altura de la quijada. ¿Estrategia para el sábado?

Magny también saca un compañero sorpresa para su exhibición, pero lo suyo es más imprevisto: pide un voluntario. No toma mucho para que un joven de unos veinte años ya cumplidos acepte, y el muchacho ha venido tan preparado que hasta guantes tiene. Mejor no podría haber salido la cosa ni para él ni para Magny. Los dos atletas practican la lucha en la lona, ruedan por el piso, Neil cede al joven cláramente entrenado la posición ventajosa en varias oportunidades para retomarla con notable fluidez. Prueba en vivo de la diferencia de niveles entre profesional y amateur y un entrenamiento que el joven recordará de por vida.

Difícil para Ricardo Lamas, ex contendiente de peso pluma, seguir semejantes actuaciones, pero el veterano lo lleva adelante. De los peleadores de la cartelera es el único que ha disputado un título de la UFC y se maneja como tal, con notable comodidad y fluidez con su entrenador. Manoplas más chicas en las manos y un pad en la pierna para absorber patadas, “The Bully” trabaja en combinaciones a velocidad con mucho juego de pies y mucho movimiento defensivo, subiendo en intensidad y complejidad mientras pasan los minutos.

Lo más notable del entrenamiento de Lamas no es necesariamente lo que hace durante su exhibición, pero lo que siguió. Con el respeto que merece el veterano, peleador de primer nivel durante años, no tiene la presencia mediática de otras figuras internacionales. Pero aún así, Lamas se ve abordado por toda una escuadra de fanáticos a su salida del escenario, niños y no tanto que lo conocen y a sus logros, le piden que firme todo tipo de prendas o su piel directamente, retrasan su regreso al vestuario por varios minutos. La emoción por la llegada de la UFC a la Argentina fue palpable en ese momento.

Desafortunadamente, a la salida de Lamas le sigue un baldazo de agua fría. Santiago Ponzinibbio, la estrella de la velada y la figura del deporte en el país, no aparece. Pasa el tiempo y sigue sin aparecer, sin anuncios al respecto. Los ánimos primero se caldean con la espera, luego se enfrían del todo. Se pasa la hora programada y la tribuna empieza a vaciarse. El sol ha caído y se hace tarde, los más niños van retirándose de la mano de sus padres e incluso algunos representantes de medios no pueden justificar la espera.

Y entonces, finalmente, aparece. Ha llegado Santiago Ponzinibbio, el único argentino en trepar los rankings de la mayor empresa de artes marciales mixtas del mundo. “El Rasta” o también “Gente Boa”, apodado así tras pasar años de su vida buscando fortuna en el deporte en Brasil, el peso welter número diez del mundo a sangre, sudor y lágrimas. La atención de la tribuna restante vuelve al frente, expectante, y absorbe cada momento mientras Ponzinibbio venda sus manos y hace sus precalentamientos. Y de allí, un show completo.

Frente a sus compatriotas, promocionando la llegada del famoso octágono a su tierra natal, Ponzinibbio exhibe sus golpes, patadas, rodillazos, codazos. No contento con esto, el peleador argentino demuestra unos derribos para exponer la gama completa del deporte, aplicando tanto los golpes en el piso como la toma de posiciones y el cierre de sumisiones que marcan la identidad del deporte. Santiago no es conocido por su grappling pero ese siempre es el ideal a seguir, un peleador completo capaz de desenvolverse en cualquier fase de la acción. Un “Ultimate Fighter”.

No dispuesto a dejarse superar por Cannetti o Magny, el Rasta llama a su propio puñado de invitados a la lona. Todos jóvenes adultos bien preparados y con ropa cómoda, una chica incluso se presenta con guantes de boxeo, Ponzinibbio aprovecha su posición para dar una corta cátedra. Sencilla, jab y el cross de derecha, pero Santiago los arenga: será básico pero eso no le quita lo útil, un jab y derecha pulidos son una excelente herramienta para cualquier competidor. Él mismo ha causado más de un dolor de cabeza con estas armas a través de sus 26 triunfos.

Ponzinibbio está en su elemento, es la estrella y lo sabe. Él tuvo que dejar al país para entrenar en Brasil sin dinero ni grandes prospectos, la última vez que peleó en la Argentina hace ocho años fue en ese mismo polideportivo, ahora trae la cima del deporte de la mano. El Rasta plantea su mensaje de autosuperación a los presentes, lo hemos escuchado mil veces a través de todos los deportes, pero no deja de tener su impacto. La sangre, el sudor y las lágrimas todavía tienen su peso en el mundo, él se plantea como un hombre cualquiera que salió adelante buscando su sueño, ¿y si él pudo por qué no tantos otros?

Santiago está en su elemento, pero con tiempo limitado. El show debe finalizar, incluso con la audiencia drenada por la hora. El argentino se retira finalmente y frente a un grupo ya reducido salen los peleadores invitados: Verónica Macedo, que iba a pelear en la cartelera hasta que sufrió un lesión, Vicente Luque y la figura, Jessica Andrade, contendiente de peso paja. Se ha pasado el rato y los más niños se muestran nerviosos acompañados por adolescentes y algunos algo más grandes, pero los peleadores han venido a esto y rápidamente toman control del grupo.

Se requiere sólo unos minutos de calentamiento, de trote, piques en el lugar y saltos de tijera, para que los jóvenes tomen confianza frente a los peleadores y las cosas adquieran un ritmo manejable. Luque propone entrenar el derribo básico de dos piernas y pronto todos están familiarizándose con la técnica, con una dinámica de grupo marcada. Macedo termina encargándose de los más pequeños, instándolos a practicar con entusiasmo pero de manera segura, mientras que Andrade y Luque trabajan con los más adultos corrigiendo su técnica más a fondo.

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La clase progresa, con Macedo mostrando sus patadas de taekwondo a su grupo mientras que Luque y Andrade muestran otras maneras de finalizar un derribo y transiciones al armbar. El premio de la noche, porque el ejercicio concluye a las 21, definitivamente va para Macedo, que cautiva a pequeños y adultos por igual con las famosas patadas giratorias de la disciplina olímpica coreana. Cuando se va acercando el final todos se plantean repetir la técnica que la venezolana exhibe con total control y pasan uno por uno al centro del grupo para hacer su intento.

A pesar de los tropiezos con horarios y tribuna, el cierre del primer día de la UFC en Argentina es todo alegría. El grupo arma una foto con sus entrenadores para finalizar la velada y los peleadores son rápidamente retirados a los vestuarios, hay un momento apartado en el futuro para que se dirijan a los medios e interactúen con más fanáticos. Se vacía el Polideportivo Chacabuco y faltan sólo tres días para las peleas.

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