Ganador de The Ultimate Fighter 3 en el 2006, siete bonos al desempeño, empatado con Georges St-Pierre y Donald Cerrone por la mayor cantidad de triunfos en la UFC con 20, la mayor cantidad de peleas en la UFC con 29, la mayor cantidad de golpes significativos según FightMetric con 1567, uno de tres peleadores en pasar seis horas en el octágono, campeón de peso medio de la UFC a los 37 años con un nocaut de un asalto sobre Luke Rockhold y a corto plazo. Esa lista de logros pone a la carrera del ahora retirado “The Count”, Michael Bisping, en el Salón de la Fama y sin lugar a dudas.

No, Bisping no compite por un puesto en la lista de los mejores peleadores de todos los tiempos y es fácil usar su frustrante reinado en las 185 libras en su contra. Si, el británico anotó su única defensa contra un Dan Henderson que tenía ya 46 años, no enfrentó a múltiples contendientes de primer nivel y terminó perdiendo el título a manos de St-Pierre, grande entre los grandes pero ex peso welter. Lo que no cambia que desde el 2006 Bisping peleó dos a tres veces por año todos los años, contra quienes le pusieron enfrente y se mantuvo relevante en los rankings, siempre volando la bandera antidopaje incluso sin USADA de por medio.

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Si lo piensan, tiene perfecto sentido que The Count haya conseguido su bendita money fight en la era donde todos los campeones quieren la suya. Después de todo, él fue el primer peleador de las Islas Británicas en la UFC en vender sus peleas y elevar su posición con el don de la palabra, ¿les suena familiar el concepto hoy en día? Bisping fue el perfecto villano, con su arrogancia, burlas e insultos hechos a la medida de cada rival, la medida justa de simpatía y el ingenio para mantenerse fresco año tras año, prueba de su talento es el odio que muchos aún le profesan por su personaje.

Y volviendo a su relevancia deportiva, porque toda la labia del mundo no logra nada sin resultados, Bisping fue un auténtico pionero de las MMA en el Reino Unido y ayudó a establecer el mercado para un producto que necesitaba toda la ayuda posible en ese entonces. Claro, se puede discutir que esto ayudó a su carrera, peleando regularmente con ventaja de local, pero no se puede desestimar lo que una figura semejante significa para el desarrollo de la disciplina. Los deportes viven a través de atletas que atrapan, provocan y a fin de cuentas llaman la atención como lo hizo The Count.

Los logros del muchacho bocón de Manchester son todavía más loables si admitimos que no fue un dotado. Ojo, nadie llega a competir a ese nivel en un deporte de tanto desgaste sin claros talentos físicos, pero Bisping consiguió sus éxitos sin tener los dones hiperatléticos de muchos de sus congéneres. Ni entrenado en karate toda su vida, ni luchador colegial de alto rango y mucho menos un atleta de calibre olímpico, la carrera de Michael Bisping fue cuestión de perseverancia y resistencia, la capacidad de absorber castigo y seguir peleando con la fe de que llegaría a la cima de una forma u otra.

Quienes le enrostran su personaje pueden ver las reacciones a su retiro. Varios peleadores destacados en diferentes categorías de peso, figuras de todo tipo fuera del octágono incluido Dana White, incluso posibles rivales como Derek Brunson o Chris Weidman, todos se despidieron con amor de Michael Bisping y celebraron su paso por el deporte. Siempre se pierde algo en la traducción, y el propio británico es el primero en admitir que tiene algo de mal bicho, pero no había más que seguir su carrera para ver al padre de familia genuino, carismático, querible, capaz de reconocer sus errores y auténtico a sí mismo través de las victorias y derrotas.

Es algo irónico que tras hacerse la fama tanto con su bocaza como con sus puños, The Count anunció su salida del deporte tranquila y calladamente en su podcast y sin pelea de despedida, pero tiene también su lógica. Es el adiós al personaje divisivo, tan irritante como entretenido, que hostigaba y se metía en la cabeza de sus rivales con lengua mordaz, generando rivalidades que había que ver. Adiós a The Count y ahora queda Michael Bisping, la persona de 39 años que en 12 de competencia peleó con los mejores, triunfó cuando nadie lo creía posible y a fin de cuentas dejó su marca innegable. A quien le guste bien, y a quien no, también.

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