Judd Reid es uno de los pocos maestros de karate de élite que ha logrado conquistar y vencer el kumite de 100 hombres, que es considerada una de las más difíciles prubeas en las artes marciales, donde el retador debe enfrentar a cien contrincantes consecutivos (dos minutos contra cada uno), siendo estos de los más altos rangos.

A través de su camino en las artes marciales, desde ser un chico flaco de Melbourbne, hasta convertirse en un campeón, Reid ahora se encarga de motivar a las personas a unirse a las artes marciales e inspirarlos para empujar su determinación y confianza.

«El kumite de 100 hombres es algo a lo que nunca puedes prepararte», comentó Reid. «Cavé profundo y saqué todas mis pasadas experiencias de mi vida, especialmente mi tiempo en Japón. Tomé de mi perseverancia, mi espíritu de nunca rendirme. Creo y siento, que lo que hizo que cruzara la meta, fue recordar esas experiencias».

Esas vivencias empezaron en Melbourne, Australia. Reid era un flacuchento que jugaba fútbol y normalmente terminaba en peleas escolares contra chicos más grandes. Tenía mucho fuego dentro de él, siempre metiéndose en problemas y carecía de confianza en sí mismo. Sin embargo, el auto-proclamado fanático de Bruce Lee empezó a practicar karate a los 12 años, y ahí encontró resultados positivos.

Sintió una inmediata conexión con el karate kyokushin, y creó un lazo con él. Reid disfrutaba todos los aspectos de las artes marciales, particularmente la intensidad del entrenamiento, la disciplina y el sudor envuelto en la actividad. Más que todo, respetó lo estrictos que eran sus maestros, haciendo lo posible para que todos trabajaran al 100%.

«Me gustaba la filosofía del karate. Es algo que no podrías olvidar después de que terminas tu entrenamiento, él se va a casa contigo», destacó el australiano. «Con karate y las artes marciales, llevas esas filosofías contigo a través de tu vida. Te enseña un camino, en algunas formas, te enseña a comportarte».

De hecho, la persona más feliz con el entrenamiento de Reid, era su mamá. Ella disfrutó los cambios que vivió su hijo. De repente, él había mejorado su concentración y disciplina, lo que terminó en mejores resultados en la escuela. A través del karate, todo en la vida de Reid tuvo un impacto positivo.

El nativo de Australia también estuvo inmerso en un fuerte entrenamiento, donde rara vez tuvo contacto con su familia. En momentos, se sentía física y mentalmente derrotado, pero el legendario Mas Oyama se aseguró de que sus estudiantes re-construyeran su confianza.

«Él (Oyama) era una persona increíble. Siento que a veces mis palabras no pueden describirlo como merece, porque es increíblemente humilde y todo lo que quiere hacer es sacar lo mejor de ti. Siempre quiere inspirarte para que lo hagas bien, para que seas exitoso. De eso se trata, de construir tu carácter y darte confianza», explico Reid sobre su vivencia con Oyama. «A veces él es muy duro contigo, si no estabas entrenando lo suficiente y te veía estancado. Al mismo tiempo, si lo estabas haciendo bien, te lo haría saber y te motivaría».

Reid (tercero de izquierda a derecha) sentado junto al maestro Mas Oyama.

Con el tiempo, Reid se transformó en un monstruo de 93kg y se convirtió en el primer no-japonés en graduarse del mencionado programa. Su amigo y ex-peleador del K-1, Nicholas Pettas, se convirtió en el segundo y último en terminar la pasantía con Mas Oyama, cuando murió en 1994. Se sabe que antes de morir, Oyama le pidió a Reid que fuera un campeón y completara el kumite de 100 hombres.

Le tomó a Reid dos décadas antes de poder cumplir su misión. Compitió en muchos torneos, pero siempre se quedaba corto, segundo o tercer lugar, hasta que en 2010 se convirtió en Campeón Mundial de los pesos completos de la WKO.

Sobre el kumite de 100 hombres, Reid no tenía deseos de ganarlo, en primera instancia, pero recordó el recado de su maestro y decidió intentarlo. Fueron cuatro meses de fuerte entrenamiento físico ante los más temibles artistas marciales.

En octubre de 2011, con las cámaras rodando, Reid estaba listo para enfrentarse a 100 hombres. Fue una difícil tarea. Primero, él arrasó durante la primera parte del reto sin problemas, pero cuando la fatiga empezó a jugar su papel, las cosas se complicaron.

«Los últimos 40 peleadores fueron la experienciá más doloras y horrible por la que yo haya pasado en mi vida», explicó Reid. «Más o menos contra el número 60, sentí que mi poder se estaba yendo. Fui de 100% a 10% o 20%. Perdí mi concentración, mi poder y aire estaban idos, me sentía solo y casi indefenso».

Las piernas de Reid estaban colapsando, él estaba deshidratado. Su cuerpo se sentía en la línea del colapso, pero a pesar de todo, él estaba determinado a terminar.

«Ahí es cuando retomé mi mentalidad», sentenció el australiano. «Me dije a mí mismo, ‘Judd, tienes que hacer esto rápido, tienes 40 peleas más por hacer’. Tuve que buscar dentro de mi espíritu y recaer en mis preparaciones, incluyendo 20 años de entrenamiento en Japón y alrededor del mundo. De ahí saqué la fuerza y la usé para terminas los siguientes 40 combates».

Judd Reid junto al cinturón negro en kyokushin Dolph Lundren, quien personificó a Iván Drago en Rocky IV.

Ya habiendo finalizado el segundo recado de su maestro Oyama, el australiano hoy entrena a cientos de personas y promueve su documental Journey to the 100 man fight: The Judd Reid Story y su libre The Young Lions. También promueve las enseñanzas de Oyama a través de seminarios alrededor del mundo.

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