En la noche de ayer, en la pelea estelar del UFC 202, vimos una de las mejores peleas de todos los tiempos. Conor McGregor venció por decisión mayoritaria a Nate Díaz en una épica batalla que tuvo de todo. Más allá del resultado, por veinticinco minutos se vio el espíritu más puro de las MMA dentro de la jaula más famosa del mundo.

Como a cualquiera de ustedes que está leyendo la nota (fanáticos de este hermoso deporte), les habrán llegado whatsapp, mensajes de facebook o hasta algún llamado preguntando «¿hoy es esa pelea de McGregor contra Díaz?» o «¿Cómo puedo ver la pelea?». Personas que a duras penas pueden diferenciar que UFC es una empresa y que MMA es el deporte. Es decir, en pocas palabras, que esta pelea tuvo una masiva difusión al rededor del mundo. Si en la parte hispana de latinoamérica como en España se vivió de esta manera, imaginen en los países que tienen una cultura mucho más profunda en artes marciales.

El evento fue pasando, y la tensión dentro de uno iba creciendo en forma directamente proporcional a como iba pasando la cartelera. Ninguno de nosotros, o de los que vio la pelea, fue imparcial; era uno u otro, el niño malo de Stockton con el gen de la familia Díaz a flor de piel o el irlandés que eclipsa a cualquier personalidad con su forma de ser. Muchos habrán festejado los primeros dos asaltos y sufrido los últimos tres, como otros que alentaban por el otro lo vivieron totalmente al revés; apretaron el puño los primeros diez minutos y gritaron los últimos quince.

En cuanto a lo estrictamente deportivo, dos puntos importantes se pudieron notar una vez que terminó el combate. Primero que el cardio de McGregor no está preparado para las 170 libras, más allá que sea un trasgresor dentro del mundo de las MMA, claramente su stamina no responde de la mejor manera en los wélter. Invirtió miles de dólares en un campamento y nutrición para poder estar completo los 25 minutos, pero la naturaleza no se lo permite, es demasiado peso para él. No es casualidad que haya pedido la trilogía en las 155 libras, sino que por primera vez en su vida se dio cuenta que algo dentro de las artes marciales mixtas es demasiado para él.

Lo segundo es que Nate Díaz refundó su carrera con estos dos choques con McGregor. Toda su carrera la pasó bajo el ala de su hermano Nick como el «hermano de». Ya no más Nate, definitivamente nos demostraste a todos (más allá de gustos personales) que sos un verdadero titan, que tiene su propio legado detrás de su espalda. No solo en cuanto a lo técnico, la «Stockton Slap» sino ese coraje que saca en los momentos más difíciles para remontar situaciones en la que la mayoría de los peleadores claudicarían. Es el único hombre que puede no solo neutralizar sino vencer a McGregor en el juego mental dentro de la jaula, eso ya es un mérito muy grande.

La guerra terminó, hubo abrazo de por medio, los jueces eligieron a un ganador en fallo mayoritario. Al igual que ustedes, yo también quería que sigan veinticinco minutos más. Las mismas personas que preguntaron por si ayer era la pelea, después volvieron a reportarse pero con mensajes de «como se mataron a piñas» o «que buena pelea la p*** madre». Las MMA volvieron a ganar de nuevo. No hay por qué preocuparse por el retiro de Anderson Silva o las leyendas de la década pasada, la nueva camada de guerreros tiene con qué seguir conquistando corazones alrededor del globo.

Más allá de cómo salga, esperemos que la tercera edición de este nuevo clásico de las MMA sea lo antes posible. Supongo que ninguno de nosotros nos enojaríamos si estos dos peleasen una vez cada seis meses por el resto de sus carreras profesionales. Peleen por y para siempre muchachos, va a ser un gusto vibrar una, dos o veinte veces con cada una de sus épicas batallas. Simplemente gracias.

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