Diego Garijo tiene 41 años, luchó en MMA, hace boxeo sin guantes, y es drag queen. En el ring lo llaman Two Guns; como drag, Lola Pistola. | AFP

Se trata de Diego Garijo tiene 41 años, nacido en México, pero desde muy chico viviendo en California. Como luchador de MMA o en el tatami de jiu-jitsu, lo llaman ‘Two guns’ y cuando se transforma en drag queen, es ‘Lola Pistola’.

Garijo llegó al mundo de las peleas profesionales de MMA antes que a la escena del universo drag queens. Y en ambos mundos, se siente cómodo.

En una nota con el sitio Vice sostuvo: “Recibo mucho amor de gente del mundo drag, de las comunidades trans y gay. Y también de luchadores (…); quizás ellos también esconden algo de sí mismos que les gustaría sacar a la luz. Todo el mundo tiene secretos, es normal”.

Garijo confesó que «depilarse con cera no es lo peor; sí, que se le rompa una uña postiza. Duele más que una piña».

“Cuando lucho, todos los problemas desaparecen; lo único que importa es ganar la pelea”, explicó. Se hizo luchador profesional de MMA en 2006 y un desprendimiento de retina de un ojo lo obligó a un impasse en 2012. Su médico le salvó el ojo y le aconsejó dejar la lucha profesional. Garijo le hizo caso un tiempo. Y para regreso al ring cambió de tipo de combate: dejó la MMA y se pasó al boxeo sin guantes, “a puño limpio”.

Al mundo drag queen llegó luego de un “curso de inteligencia emocional”. Una de las consignas para los participantes fue que salieran de su zona de confort. Como hizo con la MMA y las artes marciales, fue a fondo: tomó clases de baile, se depiló las cejas, aprendió a caminar con tacones y lo ayudaron con el tema de la ropa. Y también se presentó en una competencia amateur de drag queens. No ganó pero el vencedor sí compartió el premio con él porque dijo que estaba mejor producido.

El mundo MMA y el de drag queen no le parecen diferentes conceptualmente. Según Diego Garijo, «las artes marciales nos muestran la belleza de los humanos que superan una gran resistencia. El drag consiste en superar la masculinidad tóxica. (…) Antes de mi primera actuación, me sentía igual que antes de un combate. En la MMA, me sentaba en el mismo vestuario que mi contrincante, mirándonos y preguntándonos: ‘¿Podré vencerlo?’. Me sentí igual en la primera competición de drag: una habitación diminuta, ocho adultos midiéndose los unos a los otros. Pero yo no estaba nervioso; o quizá soy demasiado estúpido como para asustarme.”.

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