Este sábado el argentino Santiago Ponzinibbio tendrá su cuarta pelea en UFC (2-1), pero sin dudas esta va a ser la más especial porque por primera vez estará presente en un choque coestelar, cuando se vea la cara con Lorenz Larkin.

El “rasta” es el emblema de la Argentina en las MMA. Es que, es quien ha comenzado a marcar la historia del país más austral del mundo en la promotora más importante de este deporte.

Su historia en la elite comienza en Marzo de 2013; tras finalizar a siete rivales de forma consecutiva (cinco de ellos en el primer asalto) entre 2011 y 2012, los organizadores del TUF Brasil le dieron el visto bueno para ser parte del reallity. Una buena victoria en los enfrentamientos preliminares, hizo que el minotauro Nogueira lo elija como segundo en el draft. Desde el primer capítulo se notó el excelente nivel de golpeo del argentino (se llevó 50.000 dólares por haber realizado en knock out de la temporada frente a Marcio Santos). No fue casualidad que dominara a tres adversarios para luego hacerse un lugar en la final, que por una lesión en la mano, no pudo disputar.

Los directivos de UFC, de igual manera, ya sabían que Ponzinibbio tenía que continuar su carrera profesional dentro del octágono. La primera hazaña de ser el primero de su país dentro del reallity ya había sido consumada con éxito, ahora tenía la difícil tarea de ser el que haga debutar a su patria en un evento formal de esta franquicia. La vara, por lo que había demostrado, estaba realmente alta por lo que en el matchmaking lo enfrentaron con el wrestler invicto Ryan La Flare en Noviembre de 2013. El resultado no fue el soñado, una derrota por decisión hizo que se desdibuje la sonrisa de miles de fanáticos latinos. Pero hubo momentos de la pelea, en los que el “rasta” sacó a relucir su buen nivel de kick y puso en aprietos al canadiense, pero no fue suficiente.

Un amargo regreso a casa, ducha rápida y a volver al entrenamiento para estar preparado para el próximo llamado. Varias veces el teléfono sonó, en los meses siguientes pero cada vez que todo parecía estar encaminado, alguna lesión aparecía para darlo de baja. La mala racha llegó a su fin en Septiembre de 2014, cuando tras 310 días volvió a la jaula más famosa del mundo. Esta vez, del otro lado estaba el local Wendell de Oliveira Marques. El combate duró tan solo ochenta segundos. Con un golpe bien impactado en la mandíbula del brasilero, Santiago lo acorraló contra la reja y lo finalizó con una ráfaga de misiles. Misión, sueño y hazaña cumplida. A pesar de la gran victoria, el argentino declaró que “Estoy conforme con el triunfo, pero me quedé con ganas de mostrar todo lo que mejoré en este tiempo”.

No hubo golpes, ni lesiones por lo que el rasta ya estaba en condiciones de volver a la acción cuando lo dispongan los dirigentes. El rival elegido volvió a ser uno de esos que nadie quiere tener ver en la otra esquina; la joven estrella Sean Strickland (15-0 antes de la velada) reúne todas las características para formar parte de ese selecto grupo de guerreros.

El 22 de Febrero sí hubo tiempo para demostrar la mejora del platense. Fueron tres asaltos en los que se cansó de conectar al rostro y cuerpo del estadounidense, que con más vergüenza deportiva que otra cosa aguantó quince minutos de castigo. Nueva misión cumplida, hilvanar dos éxitos de forma consecutiva que lo ponían a un paso de entrar al top 15.

El logro más importante de este atleta de 28 años fue demostrarle a quienes manejan el negocio, que en Argentina también hay buenos valores en las artes marciales mixtas. Ahora se viene una nueva hazaña, ser el primer argentino en salir con los brazos en alto en un combate coestelar de UFC, y de paso llegar a tres victorias seguidas. No va a ser nada fácil, pero si se trata de hazañas, el rasta es un experto.

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